Manzana:

                     

Esta es la historia de un gusanito que devoraba manzanas en el bosque. Iba de árbol en árbol comiendo y finalmente acabando con cualquier manzana que le pareciera apetitosa. Cuentan que un día llego frente a un gran manzano, firme como todo un soldado que custodia un castillo, pero no custodiaba un castillo, custodiaba una pequeña manzanita roja que crecía en lo mas alto del árbol, solo una manzanita en todo ese gran manzano, solo una pequeña princesa en ese gran castillo.

El gusanito la observó y pensó que si así se veía de chica, ¿Cómo sería de grande?, Cuando ya madurara sería un gran banquete, y él estaría presto a devorarla, así que no la toco, solo la contemplo durante varios días. Cada día que pasaba por allí duraba horas enteras mirándola y luego seguía su recorrido, la sentía suya, y de ningún otro gusano en el bosque.

Por fin llego el día que el gusano había escogido para el gran banquete, se puso su mejor pinta y salió pensando en su jugosa comida. Llegó al gran manzano y empezó a escalar, le llevo un gran tiempo el llegar a la manzanita solitaria, cuando estuvo allí, el gran manzano enfureció e intentó mover sus ramas para impedir que el intruso se acercase a la manzanita, pero para su sorpresa, le pidió quietud, y que dejase acercar al gusanito. El árbol no entendió, pero accedió a lo que su princesa le pedía.

El gusanito asombrado de la decisión se acercó, y cuando se disponía a comer aquel fruto apetitoso... no pudo, algo lo detenía, algo mas allá de su razón, así que se alejo y volvió a casa. Así sucedió durante varios días, hasta que el gusanito lo entendió... estaba enamorado de la manzanita.

No volvió al sitio durante varios días, no comía, no dormía, solo pensaba en ella, lo decidió, y fue a decírselo; para su sorpresa, era correspondido, también ella lo amaba, felices los dos, ella decidió que él viviera en su corazón. También le pidió que mordiera un poco de su fruto, para que todos supieran que ella era manzana de un solo gusano. Pero cuando el gusanito probo aquel fruto, sintió que era el fruto más apetitoso que había probado en toda su vida, y aunque comiera de otras manzanas, no podía quitarse aquel sabor que ese día probó.

Así pues, cierto, día, el gusano pidió a la manzanita que le dejase morder un poco mas de su fruto, ella no dudó ni un segundo en aceptar la petición de su amado; pero no fue la única vez, el gusanito pidió lo mismo otra vez y otra vez... la manzanita se estaba destruyendo por dentro y el gusano no lo veía.

Para cuando el gusanito se dio cuenta, era demasiado tarde, su manzanita esta muriendo ya no se podía dar marcha atrás, no era hora de arrepentirse; el gusanito estallo en llanto, la manzanita lo llamo y lo consoló diciéndole que no era su culpa sino culpa del amor que ella sentía por él, por este amor nunca le dijo cuanto le dolía cada vez que el comía de su fruto, pero moría feliz porque su corazón quedaba con él. Al cabo de un rato murió.

Hasta el cielo lloro su muerte por varios días, el gusanito cargo con el corazón de su amada hasta llegar al lugar más hermoso del bosque... abrió un hoyo y el viento se encargo de taparlo con la tierra y sus corazones se hicieron uno con la tierra... Y cuentan los que saben, y saben los que dicen, que en aquel sitio creció un manzano con forma de gusano, firme como un soldado que custodia un castillo, y en la parte más alta una pequeña y hermosa manzanita roja.